sábado, 3 de diciembre de 2016

Después del ensayo

Después del ensayo vamos al Chanti a tomar unas cervezas. La niebla que ya casi había olvidado inunda las calles de Binéfar, sus minúsculas gotas flotantes en la oscuridad parecen copos de nieve a la luz de los faros del coche. Y todo es como si, en vez de haber transcurrido años, hubiese sucedido ayer. En el bar hablamos de lo humano y lo divino con la pasión de ayer, y la camarera aguarda a que terminemos nuestras consumiciones para cerrar el local con la misma resignación de ayer.

Creo que mi travesía del Cabo de Hornos termina justamente aquí, regresando al coro, a los ensayos, a la música, a las personas que me han abrazado y besado con tanta verdad que he tenido que hacer un esfuerzo para disimular mi emoción; mi complicada y ardua travesía del Cabo de Hornos termina realmente esta noche, volviendo al Chanti después de cantar y cantar y cantar.

martes, 22 de noviembre de 2016

Honor

Como no ha dejado de llover desde ayer por la mañana, el río Vero, convenientemente encauzado por una obra civil de hormigón armado y laderas artificiales cubiertas de hierba salvaje frente a mi casa, fluye a toda velocidad hacia ríos más grandes y finalmente el mar.

Sus aguas descienden marrones como cacao con leche. Al otro lado de la orilla hay un grupo grande de árboles y arbustos que crecieron en un solar abandonado. Allí anidan muchísimos pájaros, es algo que pude comprobar desde que a finales de julio nos instalamos aquí. En estos días de lluvia su permanente algarabía ha desaparecido, así como sus constantes salidas y regresos a la espesura vegetal. Los imagino tan quietos en sus nidos como yo en el mío bajo el aguacero. Así de iguales somos. Qué diminuto y palpitante honor.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Paola Vaggio

ÚLTIMOS DÍAS

Mientras apoyas la silla en el patio,
en la pared que da el sol,
y cierras los ojos cegada de luz,
escuchas el murmullo cercano de la ciudad

(pájaros
un soldador eléctrico
una tos seca en el primer piso
golpes sobre metal
un perro ladrando
la megafonía del metro escapándose por la alcantarilla)

Entre los tejados y las antenas
duerme el nido
que está hecho de hojas,
de ramas pequeñas,
trozos de algodón,
barro,
óxido,
bruma,
piensas "yo puse esto aquí"
"yo puse esto así"
"yo traje esta rama"
"yo le di forma"

las gaviotas hambrientas se lo llevan
¿hacia dónde?
¿puedo ir con ellas?

Paola Vaggio

lunes, 14 de noviembre de 2016

viernes, 11 de noviembre de 2016

Al otro lado de la colina

Yo, cuando se suceden tan precipitadamente tantos acontecimientos presuntamente históricos: la victoria del miserable misógino Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América, la conversión del Partido Socialista Obrero Español en un aplicado colaborador del Partido Popular (uno de los más corruptos, si no el más corrupto de Europa), el acelerado deshielo de los polos, el patente cambio climático que comenzamos a sufrir en nuestras cosechas; yo, cuando suceden todas estas cosas, intento concentrar mis esfuerzos en lo que modestamente puedo hacer por mí mismo día a día, aquello que está al alcance de mis manos: mi trabajo. Converso con las personas que se sientan al otro lado de mi mesa y admiro su valor, su sencilla honestidad inquebrantable, la misma que me enseñaron mis padres. Cada día atiendo a héroes así.

No tengo ninguna duda de que saldremos adelante.

Donald Trump, como quienes le precedieron, será el combustible de las naves que nos llevarán más allá de nuestra diminuta balsa flotante en el espacio.  Sus decisiones, acertadas o equivocadas, nos empujarán hacia adelante porque no hemos dejado de hacer otra cosa desde que nos pusimos en pie.  Ninguna ideología, absolutamente ninguna, es capaz de impedir nuestra curiosidad por saber qué hay al otro lado de la colina.

Por eso

Necesito mucho: todo
lo que tengo.

Por eso no necesito nada más.

martes, 1 de noviembre de 2016

Huellas

Por la mañana Maite y yo hemos dejado atrás el aparcamiento del cementerio de Barbastro rebosante de coches y nos hemos dirigido hacia nuestro habitual paseo junto al canal.  Una hora.  Seis kilómetros.  Nada del otro mundo pero sí del nuestro.

Ni mamíferos ni reptiles, sólo aves: lavanderas junto al curso de agua, gorriones, cuervos, tórtolas de vuelo ruidoso entre las ramas de los árboles, rapaces que no sé identificar pero debería estudiar para poder hacerlo.  Durante el camino huellas de jabalíes en las zonas de barro y, a su lado, las pequeñas huellas de los mustélidos nocturnos, pequeñas como las de los gatos.  Cagarrutas rebosantes de bayas de enebro.  Bellotas maduras a lo largo de todo el recorrido.  Moras diminutas y secas en zarzales aparentemente muertos que resucitarán a finales del próximo verano.

De regreso a casa y al vermut de cervezas y mejillones en escabeche he pensado en la posibilidad real de dejarme llevar como la rama que flota.

lunes, 31 de octubre de 2016

Fulgor

Mañana, en este país católico, se celebra el día de Todos los Santos.  Los cementerios se poblarán de muchedumbres de seres humanos vivos dispuestos, con todo el amor de su corazón, a prestar homenaje a quienes ya cruzaron aquel río.  Yo lo respeto, lo respeto muchísimo -por alguna extraña mutación neuronal siempre, prácticamente desde que era un niño, he sentido una intensa y vergonzante curiosidad por la muerte.

Todos los Santos: sería un buen título para otra película de zombis dispuestos a devorar cualquier cerebro disponible.

Todos los Santos.  Tengo algunos: primos, tíos y tías, suegros, amigos, conocidos, compañeros de viaje que ya no están, seres humanos que, como miles y millones antes que ellos, desaparecieron en el fragor de la vida y sus posibilidades y enfermedades.

¿Qué sustenta la idea del terror a la extinción?  ¿Nuestra patética pretensión de alguna mínima importancia en este mundo permanentemente atravesado por partículas tan invisibles como fundamentales?

Somos sombras.  Vivimos siendo sombras.  Hojarasca de otoño.  Ese fulgor.

sábado, 15 de octubre de 2016

Con aquella pasión

Continúo acumulando información.  Toda, incluso la de un futuro imaginado, proviene del pasado.  He vuelto a leer con aquella pasión.

Una de las dos fachadas de nuestro nuevo apartamento se asoma al río Vero, convenientemente encauzado entre hormigón armado, fluyendo hacia el lejano, lejanísimo mar.

Ayer y antes de ayer llovió abundantemente, muy tarde para casi todos y a punto, como siempre, para los pocos que callan.

Yo me asomo a la proa sin demasiadas ideas preconcebidas.  La ignorancia me envuelve de tal manera que al respirar penetra en mi cuerpo y contamina mi sangre inocente.

Qué aventura inesperada.

sábado, 8 de octubre de 2016

A miles de kilómetros de altitud

Casi desconectado de internet como estoy en los últimos tiempos, en cualquier caso continúo navegando alrededor del sol y, amarrado sin remedio a él como tú, giro en este carrusel de asombro y segura finitud. Mientras tanto todo, absolutamente todo, es tan pequeño como nuestra verdadera importancia o mi ambición.

Mi padre cumplió ochenta años el pasado lunes y el sábado anterior todos sus hijos le regalamos la sorpresa de una comida en un restaurante en Zaragoza. Amor sin filtros.

Ayer por la mañana al salir de casa descubrí sobre el cielo de Barbastro la huella rectilínea de cuatro aviones a miles de kilómetros de altitud cruzándose en una suerte de parrilla casual. Saqué el móvil de mi bolsillo dispuesto a hacer una fotografía pero justo en ese momento un hombre salió de un portal cercano con bolsas de basura en la mano y, como tantas veces a lo largo de mi vida, el pudor me hizo devolver el teléfono al bolsillo para no llamar la atención.